Relatos salvajes es una película argentina de Drama, Comedia, Suspenso de 2014. Fue dirigida por Damián Szifrón. Está protagonizada por Ricardo Darín, Oscar Martínez y Leonardo Sbaraglia. Seis historias independientes exploran la frontera entre la civilización y la barbarie.
Seis historias independientes exploran la frontera entre la civilización y la barbarie. Un grupo de pasajeros comparte un vuelo, una camarera atiende a un cliente del pasado, dos conductores se cruzan en una ruta solitaria, un ingeniero enfrenta la burocracia por una multa injusta, una familia adinerada debe tomar una decisión tras un accidente, y una novia descubre algo perturbador durante su boda. Cada episodio presenta situaciones cotidianas donde la frustración o la injusticia empujan a los personajes hacia sus límites.
Seis historias independientes exploran la frontera entre la civilización y la barbarie. Un grupo de pasajeros comparte un vuelo, una camarera atiende a un cliente del pasado, dos conductores se cruzan en una ruta solitaria, un ingeniero enfrenta la burocracia por una multa injusta, una familia adinerada debe tomar una decisión tras un accidente, y una novia descubre algo perturbador durante su boda. Cada episodio presenta situaciones cotidianas donde la frustración o la injusticia empujan a los personajes hacia sus límites.
cárcel·película de episodios·venganza·avión·infidelidad·casamiento·accidente automovilístico·veneno
Galería de imágenes
Érica Rivas en Relatos salvajes (2014)
Érica Rivas en Relatos salvajes (2014)
Rita Cortese y Julieta Zylberberg en Relatos salvajes (2014)
Ricardo Darín en Relatos salvajes (2014)
Érica Rivas y Diego Gentile en Relatos salvajes (2014)
Érica Rivas y Diego Gentile en Relatos salvajes (2014)
Érica Rivas en Relatos salvajes (2014)
María Onetto y Oscar Martínez en Relatos salvajes (2014)
Julieta Zylberberg y Rita Cortese en Relatos salvajes (2014)
Oscar Martínez en Relatos salvajes (2014)
Ricardo Darín y Pablo Moseinco en Relatos salvajes (2014)
Darío Grandinetti en Relatos salvajes (2014)
Diego Gentile y Érica Rivas en Relatos salvajes (2014)
Leonardo Sbaraglia en Relatos salvajes (2014)
Leonardo Sbaraglia en Relatos salvajes (2014)
Érica Rivas y Diego Gentile en Relatos salvajes (2014)
Walter Donado en Relatos salvajes (2014)
Ricardo Darín en Relatos salvajes (2014)
Rita Cortese en Relatos salvajes (2014)
César Bordón en Relatos salvajes (2014)
Walter Donado en Relatos salvajes (2014)
Luis Mazzeo, Camila Sofía Casas, Ricardo Darín y Nancy Dupláa en Relatos salvajes (2014)
Diego Gentile y Érica Rivas en Relatos salvajes (2014)
Darío Grandinetti en Relatos salvajes (2014)
Julieta Zylberberg en Relatos salvajes (2014)
María Marull en Relatos salvajes (2014)
Diego Gentile en Relatos salvajes (2014)
Críticas
'Wild Tales' ('Relatos Salvajes'): Cannes Review
David Rooney·The Hollywood Reporter·17 de mayo de 2014·Estados Unidos · Inglés
Una colección de seis viñetas que funciona de manera desigual: mientras los tres primeros episodios despliegan un humor ácido y catártico con gran estilo visual y musical, los dos siguientes pierden ímpetu al adoptar un tono más sombrío, y solo el epílogo final recupera la energía cómica inicial. La película muestra ambición formal y un elenco sólido, pero no logra sostener coherentemente sus dos horas de duración, alternando entre momentos de riotosa irreverencia y pasajes que resultan tonalmente discordantes.
La película rompe con el prototipo de film de festival al proponer un cine de humor negro y serie B, con referencias de explotación ochentosa pero animado por una intención de crítica social sobre la Buenos Aires contemporánea de corrupción y amoralidad. Estructurada en seis episodios que combinan suspenso, comedia ácida e indicios de thriller y road movie, logra articular sus retratos a través de temas que motivan la violencia, mientras que el trabajo de guion brilla en un uso ingeniosos de diálogos llenos de ingenio. Una sorpresa que demuestra la apertura del festival a propuestas diferentes con referencias cinéfilas.
Tras una ausencia de casi una década, Szifron regresa con una película ambiciosa que despliega su inventiva visual, su destreza narrativa y su creatividad en seis historias interconectadas por una mirada despiadada sobre la argentinidad contemporánea. Con recursos técnicos sofisticados, un elenco de primera línea y un humor negro de altísima dosis, el director logra hacer creíble y disfrutable situaciones delirantes donde personas ordinarias se transforman en monstruos. A nivel artístico, el resultado es apabullante y demoledor, aunque la crueldad de su perspectiva sobre los personajes y el tono provocador seguramente generarán polémica inevitable sobre la ideología del retrato de una sociedad en descomposición.
Una antología de humor negro que funciona como colección de situaciones de caos donde el control se desmorona, construida con un guion preciso que lleva cada premise hasta sus últimas consecuencias sin concesiones. Aunque la estructura episódica impide desarrollar personajes más allá del estereotipo y la primera historia desafina en su propuesta de absurdo, las mejores piezas (particularmente la de Darín) equilibran bien la crueldad cómica y una catarsis destructiva que proporciona escapismo puro. Se trata de lo más divertido que Szifrón ha realizado, una película que saca su mayor provecho del placer de ver sufrir a estos individuos aplanados.
Una obra que canaliza magistralmente la violencia reprimida de personajes domesticados por la sociedad, transformándola en un espectáculo catártico donde el equilibrio narrativo oscila entre la precisión del guión y la brutalidad desmesurada. Szifrón construye historias que funcionan como una olla a presión, donde la violencia implícita estalla de forma caótica pero verosímil, coqueteando con lo grotesco e irónico sin perder su reflejo de la realidad. El resultado es una película que juega con la incomodidad del espectador, generando momentos donde la risa y la perplejidad conviven, en un tono que reivindica la libertad creativa en tiempos de corrección política.
Una comedia negra burguesa que asume plenamente su condición de clase media con refinamiento formal y brutalidad estilizada, logrando una factura visual impecable capaz de generar identificación y reflexión sin pretender falsa redención moral. Su mayor mérito reside en la consistencia de su perspectiva: une cortos de desigual impacto mediante un código cómico que funciona como dispositivo de acceso, permitiendo que cada espectador proyecte sus propias contradicciones sobre historias que no esconden sino que exhiben la oscuridad banal de la naturaleza humana.
Ariel Fernández·Agencia Paco Urondo·1 de septiembre de 2014·Argentina
La película construye un desmontaje formal de la hipocresía y la impunidad a través de la yuxtaposición de historias que exponen los entramados de poder burocráticos y económicos; mediante planos y edición precisos, logra un cuadro de época que recuerda los Caprichos de Goya, donde personajes que reaccionan frente a la violencia sistemática revelan las emociones que la sociedad mantiene en estado de latencia, configurando una obra que funciona menos como ficción que como reflejo descarnado de la realidad social contemporánea.
Gustavo F. Gros·Agencia Paco Urondo·2 de septiembre de 2014·Argentina
Una película que se presenta como denuncia de la naturaleza corrupta de las personas pero que sistematicamente diluye esa intención con un humor negro forzado y una artificiosidad en todos sus elementos —diálogos, montaje, actuaciones, escenografía— que la vuelven completamente asimilable y vendible. La estructura de relatos autónomos conspira para mostrar una visión pesimista del ser humano sin tener el coraje estético de sostenerla, refugiándose en la comedia cada vez que la tragedia amenaza con resultar incómoda, lo que genera una inconsistencia que invierte toda pretensión de profundidad en puro bluff comercial.
Acerca de Relatos Salvajes: ¿una ficción kirchnerista?
Conrado Yasenza·Agencia Paco Urondo·2 de septiembre de 2014·Argentina
Una película que captura con intensidad la latencia de crisis contenida en actos cotidianos, donde la crispación y la violencia interpersonal emergen como síntomas de un malestar social más profundo. Aunque el análisis de su relación con un proyecto político específico resulta esquivo, la obra funciona como alarma ante la persistencia de los aires neoliberales de los noventa, exponiendo cómo la resolución individual de conflictos se impone sobre la colectiva, en un registro donde lo salvaje y lo desmembrado revelan las contradicciones de una época que creía haber dejado atrás su propia ferocidad.
Norman Petrich·Agencia Paco Urondo·5 de enero de 2020·Argentina
La película construye un discurso moralizante y clasista sobre la violencia que esquematiza sus causas: mientras presenta a los personajes de menor condición económica como irremediablemente propensos a arrebatos destructivos, retrata a los de mayor poder adquisitivo ejerciendo una violencia implícita y sofisticada que la narración normaliza. Bajo la apariencia de un humor negro crítico, refuerza la idea de que la violencia subjetiva y visible es un problema de degradación moral individual, eludiendo cualquier interrogación sobre las violencias estructurales e implícitas que sostienen el orden social, lo que termina legitimando las mismas estructuras que pretendería cuestionar.