Una antología de humor negro que funciona como colección de situaciones de caos donde el control se desmorona, construida con un guion preciso que lleva cada premise hasta sus últimas consecuencias sin concesiones. Aunque la estructura episódica impide desarrollar personajes más allá del estereotipo y la primera historia desafina en su propuesta de absurdo, las mejores piezas (particularmente la de Darín) equilibran bien la crueldad cómica y una catarsis destructiva que proporciona escapismo puro. Se trata de lo más divertido que Szifrón ha realizado, una película que saca su mayor provecho del placer de ver sufrir a estos individuos aplanados.
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