Una película que captura con intensidad la latencia de crisis contenida en actos cotidianos, donde la crispación y la violencia interpersonal emergen como síntomas de un malestar social más profundo. Aunque el análisis de su relación con un proyecto político específico resulta esquivo, la obra funciona como alarma ante la persistencia de los aires neoliberales de los noventa, exponiendo cómo la resolución individual de conflictos se impone sobre la colectiva, en un registro donde lo salvaje y lo desmembrado revelan las contradicciones de una época que creía haber dejado atrás su propia ferocidad.
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