La película construye un desmontaje formal de la hipocresía y la impunidad a través de la yuxtaposición de historias que exponen los entramados de poder burocráticos y económicos; mediante planos y edición precisos, logra un cuadro de época que recuerda los Caprichos de Goya, donde personajes que reaccionan frente a la violencia sistemática revelan las emociones que la sociedad mantiene en estado de latencia, configurando una obra que funciona menos como ficción que como reflejo descarnado de la realidad social contemporánea.
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