Nuestra tierra es una película argentina de Documental de 2025. Fue dirigida por Lucrecia Martel. Documental que reconstruye el asesinato de Javier Chocobar, líder de la comunidad indígena de Chuschagasta, en el norte argentino.
Documental que reconstruye el asesinato de Javier Chocobar, líder de la comunidad indígena de Chuschagasta, en el norte argentino. En 2009, un hombre y dos cómplices intentan desalojar a los miembros de la comunidad reclamando la propiedad de las tierras y, armados, matan al referente comunitario. El crimen queda registrado en video, pero los responsables permanecen en libertad durante nueve años hasta que, tras protestas sostenidas, se abre finalmente el proceso judicial en 2018.
Documental que reconstruye el asesinato de Javier Chocobar, líder de la comunidad indígena de Chuschagasta, en el norte argentino. En 2009, un hombre y dos cómplices intentan desalojar a los miembros de la comunidad reclamando la propiedad de las tierras y, armados, matan al referente comunitario. El crimen queda registrado en video, pero los responsables permanecen en libertad durante nueve años hasta que, tras protestas sostenidas, se abre finalmente el proceso judicial en 2018.
Festival de Venecia 2025: crítica de "Nuestra Tierra", de Lucrecia Martel (Sección Oficial – Fuera de Competencia)
Diego Batlle·Otros Cines·31 de agosto de 2025·Argentina
Lucrecia Martel realiza una incursión coherente en el documental que funciona como continuación lógica de su obra previa, construyendo un thriller procesal que alterna entre la intimidad de historias de vida y el alcance de un cine político etnográfico, pendulando entre lo rural y urbano, lo actual y la Historia, para explorar la larga cadena de colonialismo y despojo territorial que subyace a un crimen específico; la directora aborda temas de racismo y connivencia del establishment yendo desde la indignación hasta la sutileza, complementando el análisis con observaciones de la geografía, fauna, flora, música y costumbres del lugar, en una película que funciona simultáneamente como reivindicación de una lucha centenaria y como advertencia sobre un planeta en autodestrucción.
Ryan Lattanzio·IndieWire·31 de agosto de 2025·Estados Unidos · Inglés
Lucrecia Martel construye un true crime visceral que trasciende el género mediante una mestiza de cámaras de drones que adoptan la perspectiva del colonialismo mismo, metraje de celular encontrado con cualidad de found-footage horror, y procedimientos judiciales donde el sonido deviene elemento narrativo de primera importancia. Su montaje genera un efecto arqueológico que vincula un crimen contemporáneo con siglos de explotación, mientras mantiene al asesinado como figura humana concreta antes que símbolo político, todo sin permitir que la ambición formal eclipse el material. Una película que redefine qué puede lograr el documental de true crime.
Jordan Mintzer·The Hollywood Reporter·31 de agosto de 2025·Estados Unidos · Inglés
Una incursión documentalista que combina el rigor investigativo del true crime con una sensibilidad visual excepcional, donde los drones revelan la magnitud del territorio en disputa y la cinematografía convierte el paisaje en un protagonista que amplifica las injusticias históricas. La estructura narrativa entrelaza testimonios, archivos y drama procesal para construir una crónica pormenorizada que, aunque es la primera película documental de la directora, extiende sus preocupaciones estéticas previas hacia un territorio de no ficción sin perder su capacidad para capturar las fracturas profundas de una sociedad.
'Nuestra Tierra' Venice Review: Memory, Justice, and the Killing That Shook a Community
Diego Lerer·Micropsia·31 de agosto de 2025·Argentina
La película logra transformar un caso judicial sobre un asesinato en una reflexión profunda sobre la lógica capitalista y la desposesión de tierras indígenas, evitando la sensacionalismo del true crime mediante un cine de detalles atentos, conversaciones privadas y miradas laterales. Martel abandona los territorios estilizados de su obra anterior para entregar un film accesible y claro que, sin experimentalismos formales, sigue siendo inventivo y profundamente personal, permitiendo que las voces de los acusados expongan por sí solas su brutalidad y racismo, mientras la viuda de Chocobar emerge como el corazón narrativo que enlaza lo personal con lo comunitario e histórico.
'Landmarks' review: Lucrecia Martel critiques Argentina's treatment of its Indigenous communities
Jonathan Romney·Screen Daily·31 de agosto de 2025·Reino Unido · Inglés
La película representa un giro sorprendentemente directo en la obra de Martel, menos formalmente radical que sus trabajos anteriores pero profundamente sentida y comprometida políticamente. Aunque adopta una estructura relativamente convencional, su fortaleza radica en cómo coloca al espectador como observador confundido dentro de la sala de tribunales, sin facilitar signos claros de orientación, y en permitir que los propios afectados narren su historia. El uso creativo del metraje de drones —que funciona tanto como presencia inquisitiva como como conexión territorial— y ciertos momentos de eccentricidad visual contrasta con la claridad cada vez mayor del mensaje político. Se trata de una obra documentalista que logra ser polemista sin necesidad de sermones explícitos.
Documental que combina el seguimiento de un juicio por asesinato con una reflexión histórica sobre el desplazamiento de comunidades indígenas, en el que Martel opta por una claridad narrativa alejada de la experimentación, confiando en los detalles y en dejar que las voces de los acusados se expongan por sí solas; una película que es a la vez emotiva y creativa, urgente pero reposada, que logra hacer audibles a quienes históricamente fueron silenciados.
Cody Dericks·Next Best Picture·1 de septiembre de 2025·Estados Unidos · Inglés
La película se propone un objetivo noble al construir una defensa visual de una comunidad indígena, pero su enfoque disperso y la falta de contexto explícito terminan confundiendo más que elevando la narración. Mientras las escenas de tribunal resultan dinámicas e impactantes, revelando la arrogancia de los acusados, los extensos testimonios personales presentados de manera monótona sin recursos visuales innovadores hacen que el relato pierda impulso y coherencia, dejando a la audiencia constantemente desorientada por la abundancia de términos sin explicación.
'Landmarks' Review: Lucrecia Martel's Potent First Documentary
Guy Lodge·Variety·1 de septiembre de 2025·Estados Unidos · Inglés
La primera incursión de Lucrecia Martel en el documental mantiene el rigor de su obra de ficción en un estudio slow-burn sobre un crimen de 2009 que revela tensiones históricas de robo de tierras e invisibilización indígena. Aunque menos formalmente radical que sus películas previas, esta obra disciplinada y clara evita la sentimentalidad retórica para presentar con humildad las voces de la comunidad Chuschagasta, particularmente la de la viuda del líder asesinado. La fotografía de drones, generalmente sobreutilizada en documentales contemporáneos, funciona aquí como un dispositivo poético efectivo que ofrece una perspectiva omnisciente sobre tierras que trascienden los conflictos de quienes las disputan.
Martel construye un documental que trasciende el true crime convencional mediante un montaje fragmentado de archivos judiciales, registros amateurs y recreaciones, tensionando la narrativa entre el caso particular de un asesinato y su inscripción en siglos de despojo. La película expone cómo el sistema legal legitima la exclusión indígena mientras evita clausuras unívocas, prefiriendo mostrar la persistencia de una comunidad que resiste frente a estructuras de poder invisibilizadoras.
Toronto 2025 review: Nuestra Tierra (Lucrecia Martel)
John Lynn·International Cinephile Society·6 de septiembre de 2025·Inglés
Martel expande su cine de precisión formal hacia el documental con una obra que entrelaza un procedimiento judicial con una etnografía exhaustiva, donde el montaje y la estructura narrativa revelan cómo la colonialidad sigue operando en las leyes y estructuras de propiedad que marginalizan a las comunidades indígenas; una película que insiste en la testimonialidad y la resistencia mediante la palabra y la memoria, aunque su deliberada evasión sobre los detalles legales del crimen podría resultar frustrante para algunos espectadores.
Nuestra tierra. (In)justicia y colonialismo en el siglo XXI
Carlos Elorza·El Contraplano·6 de septiembre de 2025·España
Lucrecia Martel realiza su primer documental con una obra contundente que traslada su estilo característico —puesta en escena meticulosa, diseño sonoro envolvente, narrativa fragmentaria— del terreno de la ficción a lo real. La película estructura su mirada en dos planos: el proceso judicial por un crimen y los testimonios de la comunidad, construyendo una reflexión sobre cómo la justicia argentina perpetúa lógicas coloniales que despojan a los pueblos originarios de su existencia como sujetos plenos de derecho. Martel no busca demostrar culpabilidades sino revelar un sistema de exclusión histórica, utilizando la tensión entre imágenes aéreas de territorio y retratos familiares para convertir la disputa por la tierra en una cuestión de memoria, identidad y continuidad cultural.
Nuestra Tierra review: Lucrecia Martel doc confronts colonialism
Natalia Keogan·The A.V. Club·9 de septiembre de 2025·Estados Unidos · Inglés
La incursión de Lucrecia Martel en el documental de no ficción demuestra maestría formal al transformar un procedimiento judicial en reflexión sobre la persecución sistemática de comunidades indígenas, utilizando drones y montaje para construir significados que trascienden el true crime convencional; aunque el film evita catarsis narrativa —consciente de que ningún veredicto puede reparar una lucha por la supervivencia que continúa—, la fuerza de sus imágenes y su estructura revela cómo las instituciones coloniales perpetúan la invisibilidad de quienes las desafían.
Jaime Pena·A Sala Llena·24 de septiembre de 2025·Argentina
Martel construye una película de capas superpuestas donde la puesta en abismo deviene método: partiendo de un video doméstico de bajísima calidad que registra un asesinato, despliega recreaciones policiales y judiciales para interrogar el valor probatorio de esas imágenes confusas, mientras teje testimonios de comunidades indígenas marcadas por el desarraigo y la explotación histórica; la película sostiene que esas imágenes pixeladas no son la causa sino la consecuencia de siglos de violencia territorial, transformando un drama judicial en una reflexión sobre cómo el cine documenta la verdad cuando la realidad misma está fracturada.
Una película que trasciende la particularidad de un caso criminal para reflexionar sobre cómo el discurso histórico de las élites construyó las condiciones de una tragedia, demostrando la capacidad de Martel para tejer memoria, política y forma cinematográfica en un documental que funciona como ensayo visual sobre las estructuras del poder.
Lucrecia Martel's "Nuestra Tierra" - TIFF 2025 Film Review
Stephen Saito·Moveable Fest·septiembre de 2025·Estados Unidos · Inglés
Martel lleva su maestría formal al documental con una película que estructura ingeniosamente el relato para desplazar el poder de la narrativa desde los acusados hacia la comunidad indígena, utilizando drones con inventiva visual, fotografías animadas con un diseño sonoro cautivador, y testimonio directo que documenta la resiliencia frente a siglos de colonialismo; un logro cinematográfico que captura la fragilidad y la dignidad de una cultura entera.
Roger Koza·Con los ojos abiertos·19 de octubre de 2025·Argentina
En su primer documental, Martel logra una película sofisticada y profundamente emotiva que trasciende el género jurídico mediante un dominio magistral del sonido y la imagen. Abandona el juicio para acceder a las memorias y voces de la comunidad chuschagasta, donde una musicalidad otra inscribe experiencias de mundo relegadas por la historia oficial. La película desactiva la violencia del dron transformándolo en visión flotante que revela el territorio en disputa, mientras separa el habla del hablante mediante fotos que reconstituyen la historia argentina. Con clarividencia equivalente a la de Atahualpa Yupanqui, Martel deconstruye los artificios del orden jurídico y su retórica mendaz para conjurar delicadamente la extinción de quienes no fueron desaparecidos sino aniquilados.
A.G. Sims·Reverse Shot·20 de octubre de 2025·Estados Unidos · Inglés
Su primer documental representa un giro estilístico deliberado: Martel modera la ambigüedad formal característica de su cine narrativo para priorizar la claridad y la precisión, utilizando un relato cuidadoso como contrapeso contra el poder del estado. Los detalles visuales—satélites, drones, atmósfera sonora—complementan sin desbordar el archivo personal de la comunidad, permitiendo que la historia no contada hable por sí sola. Es una decisión artística que no constituye concesión sino estrategia: ante la necesidad de afirmar la existencia de una historia y cultura sistemáticamente negadas, la coherencia narrativa se convierte en arma política.
Una obra que reconstruye el lenguaje cinematográfico para capturar la verdad de un territorio y su gente sin recurrir a la épica imperialista del cine clásico, mediante planos aéreos que trazan una cartografía precisa del suelo, la fauna y la luz, complementados con fotografías familiares cuyo papel amarillento y degradado deviene documento vital de resistencia, donde las miradas a cámara de los Chuschagasta funcionan como destellos lanzados a la posteridad para que el futuro reconozca rostros, arrugas y sonrisas como razones de una lucha por lo único que les queda.
Aunque más accesible y convencional que obras anteriores de su directora, la película consigue desplazar los límites del documental hacia territorios donde el sonido y el montaje —que entrecruza el tribunal con historiadores y testimonios— construyen algo mayor que la reconstrucción de un crimen: la capacidad de hacernos sentir lo que se quiere aniquilar, de ofrecernos el atisbo de un mundo que resiste, transformando lo silenciado en un deber cinematográfico urgente e imprescindible.
Lucrecia Martel construye un documental que desplaza el foco desde el crimen hacia las estructuras históricas, sociales y políticas que lo hicieron posible, utilizando el formato true crime para una indagación más profunda sobre las condiciones materiales que sustentan la violencia. La película usa el relato del caso como punto de partida para un análisis cinematográfico de las determinaciones que anteceden y explican el acto criminal, transformando la anatomía del delito en anatomía de un sistema.
Lucrecia Martel construye un documental de gran rigor formal que entrelaza material de archivo familiar, videos de los asesinos y reconstrucciones con drones para reflexionar sobre la continuidad histórica de las injusticias contra comunidades indígenas. Con manejo virtuoso del espacio y los tiempos, la película conjuga thriller judicial y denuncia política sin abandonar su propia poética, utilizando la belleza del territorio y la vida cotidiana de la comunidad como contrapeso a la violencia, en una obra que funciona como herramienta para comprender el presente.
Antonio Gómez·Revista Otra Parte·marzo de 2026·Argentina
Martel concibe el documental como intervención política donde la observación atenta, el diseño de sonido cuidadoso y la perspectiva territorial emergen como herramientas formales para fijar un locus de enunciación preciso; mediante la ausencia deliberada de referentes textuales nacionales, el reemplazo de lógicas generales por lo local, y la mirada desapegada del dron que invierte literalmente la tierra, la película logra una potencia subversiva que dialoga con la tradición del cine latinoamericano comprometido sin necesidad de proclamarlo.
Lucrecia Martel construye un documental que aprovecha la riqueza visual y testimonial para desmantelar narrativas oficiales, utilizando el juicio como contraste revelador de cómo las instituciones se relacionan con las comunidades indígenas; con una estructura que comienza con la invocación de perdón, la película se convierte en una disculpa que los acusados nunca quisieron dar, logrando en dos horas que la audiencia conozca profundamente a quienes la historiografía pretendió olvidar.
Con una construcción visual que oscila entre el zoom telescópico y la mirada microscópica, la película logra desmontar la frialdad de los argumentos legales mediante la memoria oral, el sonido orgánico y la experiencia vivida de una comunidad originaria, revelando cómo las instituciones, la historia oficial y el racismo sistémico perpetúan el borrado de quienes han habitado el territorio durante generaciones, sin caer en la provocación barata sino en una indignación sutil e incisiva que cuestiona también los medios y el propio cine como partícipes de esa herida.
La película despliega una destreza narrativa extraordinaria donde la atmósfera y el clima funcionan como explicación, permitiendo detectar cada irrupción de impulsos fascistoides en los personajes. A través de procedimientos delicados pero contundentes, Martel revela la teatralidad del juicio oral como metáfora de una sociedad de simulacros y pone en evidencia la humanidad del paisaje territorial como ethos. La austeridad visual se pone al servicio de la verdad y la belleza, logrando una penetración profunda en las almas de los personajes mientras reivindicó a la comunidad como principal sujeto narrante e histórico, capaz de contrarrestar el orden alienado del capital.