Una película que funciona mejor como declaración de intenciones que como obra acabada: su blanco y negro resulta desigual en relación con las películas proyectadas, y un montaje excesivamente generoso perjudica el ritmo general. Sin embargo, logra introducir al espectador de manera efectiva en la experiencia del protagonista mediante dos quiebres de la cuarta pared bien calibrados, y construye metáforas visuales coherentes sobre la precariedad cultural. La elección estética se revela más como recurso presupuestario que como decisión plástica resuelta, pero la propuesta reivindicativa sobre la situación del cine en Argentina emerge sin caer en el panfleto.
Leé la críticaLa noche está marchándose ya es una película argentina de Drama de 2025. Fue dirigida por Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas. Está protagonizada por Octavio Bertone, Juana Oviedo y Rodrigo Fierro. Pelu, treintañero y proyectorista de un cineclub municipal en crisis, es degradado a sereno nocturno, pierde su casa y se instala en secreto en el cine.
La noche está marchándose ya (2025)
Dir. Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas
Estreno en Argentina:5 de marzo de 2026 en Cineclub Municipal Hugo del Carril
Pelu, treintañero y proyectorista de un cineclub municipal en crisis, es degradado a sereno nocturno, pierde su casa y se instala en secreto en el cine. Ahí forma una comunidad con un grupo de cuidadores de autos que pasa las noches tomando cerveza y viendo películas, y con Vale, su mejor amiga, que usa la sala para grabar contenido para OnlyFans. La precaria situación económica que atraviesan amenaza con cerrar el cine y destruir ese espacio compartido.
La noche está marchándose ya (2025)
Estreno en Argentina:5 de marzo de 2026 en Cineclub Municipal Hugo del Carril
Pelu, treintañero y proyectorista de un cineclub municipal en crisis, es degradado a sereno nocturno, pierde su casa y se instala en secreto en el cine. Ahí forma una comunidad con un grupo de cuidadores de autos que pasa las noches tomando cerveza y viendo películas, y con Vale, su mejor amiga, que usa la sala para grabar contenido para OnlyFans. La precaria situación económica que atraviesan amenaza con cerrar el cine y destruir ese espacio compartido.
Intérpretes
Equipo técnico
Dirección de Arte
Dirección de Sonido
Ficha técnica
Galería de imágenes
Fotograma de La noche está marchándose ya (2026)
Críticas
Una película marcada por la urgencia que filma el presente a través de una trama mínima, transformando un cine club en laberinto de solidaridad mediante un blanco y negro difuso que evoca decorados hollywoodienses de los años treinta. Los directores construyen un cine que celebra la fantasía como modo de combatir la miseria, aprovechando fragmentos de Borzage, McCarey y Ozu para mostrar cómo ciertos lenguajes pueden traspasar las realidades que el poder cree inexpugnables. La película vacía su centro en lo que falta: el cine, el pueblo y la resistencia política aliados en la creación de imágenes nuevas capaces de construir un imaginario colectivo alternativo.
Leé la críticaÓpera prima que celebra la cinefilia desde una perspectiva humanista y crítica, la película maneja con soltura un tono ligero y cargado de humor deadpan para narrar la precariedad de sus personajes dentro de un cineclub. Con escasas intervenciones de diálogo y un despliegue visual que evoca el noir francés y el expresionismo alemán, la obra teje una red de referencias cinematográficas que funcionan como acto de reivindicación de los perdedores del sistema, aunque también subraya cierto patetismo en una cinefilia que debe apelar al engaño para subsistir; en ese descenso inevitable, sin embargo, persisten momentos de nobleza, empatía y solidaridad entre los personajes.
Leé la críticaRealizado con presupuesto mínimo pero plasticidad visual cautivadora, este primer largometraje despliega un ejercicio estilístico de altura que domina el blanco y negro difuso, las composiciones de luz y sombra, y los espacios claustrofóbicos para construir una atmósfera expresionista próxima al noir y al cine clásico. Los directores logran trascender la precariedad material con una narrativa que, pese a un bajón de tensión en su último tercio, se sostiene sobre la solidaridad y la dignidad, encontrando luces entre las tinieblas sin caer en el melodrama lacrimógeno. Es un documento destacable que funciona como acto de resistencia formal, demostrando que la pequeña producción puede competir en dignidad cinematográfica con mayores presupuestos.
Leé la críticaUna ópera prima que conquista por su construcción narrativa centrada en la experiencia comunitaria y la defensa del cine como acto vital: la película de Sonzini y Salinas logra plasmar con precisión formal —a través de la mirada, el gesto y la palabra— el desamparo económico y el amor por la cinematografía, alcanzando una eficacia que trasciende el relato para proponer que el cine puede humanizarnos y hacernos menos egoístas, algo que los jurados de tres festivales prestigiosos reconocieron de manera consecutiva.
Leé la críticaUna fábula humanista rodada en blanco y negro que celebra el cine clásico como brújula ética y espacio de resistencia frente a la crisis y el desamparo. Con un ritmo deliberadamente cansino y mezclando drama con humor, la película construye su potencia a través de pequeñas peripecias que van ganando densidad moral, mostrando cómo la solidaridad y la conexión entre las personas constituyen la única forma de presentar batalla. Dialogando con el neorrealismo italiano y el primer Jarmusch, logra transformar una sala de proyecciones en una iglesia moderna donde las historias de la pantalla iluminan conductas decentes ante un mundo cada vez más brutal.
Leé la críticaUna película que logra una audacia estética singular al apostar por la unidad de lugar sin construir imagen de futuro, sino reordenando el pasado para hacer soportable el presente; donde la intericonicidad —ese acoplamiento de imágenes entre el cine clásico y la actualidad— permite decir de manera oblicua verdades que el sentido común visual contemporáneo busca sepultar, sin caer en nostalgia ni panfletismo ideológico. Su fuerza radica en cómo representa la desintegración social y urbana con gestos de apropiación frescos, mientras examina plásticamente cómo la imagen cinematográfica compite hoy con otras economías visuales; una extraña atopía gris y solidaria que se anima a materializar visualmente el ajuste estatal, ese fenómeno tan palpable como soterrado en el discurso público.
Leé la críticaÓpera prima que reconcilia la memoria cinematográfica con la vida presente al filmar a un proyectorista en un cineclub durante la madrugada, logrando una atmósfera de duermevela donde la luz y la sombra moldean una experiencia onírica. La película evita la cita museística del clasicismo para activar las imágenes del pasado como seres vivientes capaces de dialogar con la precarización contemporánea; su iluminación expresionista y su ritmo de marea suave generan una perspectiva de lo imposible que oscila entre la vigilia y el sueño. Aunque su final catártico resulta algo forzado, la obra funciona como un anhelo poético sobre la solidaridad y la resistencia.
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