La película logra su propósito cómico al explotar el contraste entre los gestos y expresiones faciales de los personajes con sus pensamientos internos, un recurso que funciona eficazmente gracias al talento expresivo del elenco. El dispositivo narrativo de acceso a la interioridad de los siete convensales —desde lo trascendente hasta lo completamente aleatorio— transforma una situación convencional en una reflexión divertida sobre aquello que elegimos callar y los mecanismos que usamos para hacerlo.
Leé la críticaTenemos que hablar es una película argentina de Comedia de 2025. Fue dirigida por Mariano Galperín. Está protagonizada por Marina Bellati, Marcelo Xicarts y Guillermo Pfening. Mónica y Martín llevan más de veinte años de casados.
Mónica y Martín llevan más de veinte años de casados. Para celebrar el cumpleaños de él, ella organiza una fiesta sin imaginar en qué derivará la noche. Mientras los invitados intercambian cortesías y conversaciones aparentemente inocuas, los pensamientos verdaderos de cada uno comienzan a irrumpir, revelando aquello que permanece oculto detrás de las formalidades y la hipocresía social.
Tenemos que hablar (2025)
Estreno en Argentina:5 de febrero de 2026
Mónica y Martín llevan más de veinte años de casados. Para celebrar el cumpleaños de él, ella organiza una fiesta sin imaginar en qué derivará la noche. Mientras los invitados intercambian cortesías y conversaciones aparentemente inocuas, los pensamientos verdaderos de cada uno comienzan a irrumpir, revelando aquello que permanece oculto detrás de las formalidades y la hipocresía social.
Intérpretes
Equipo técnico
Dirección
Guion
Producción
Dirección de Fotografía
Montaje
Música
Ficha técnica
Redes
Galería de imágenes
Moro Anghileri y Guillermo Pfening en Tenemos que hablar (2026)
Críticas
Una propuesta ingeniosa que elige escuchar los pensamientos de los asistentes a una fiesta en lugar de sus diálogos, logrando momentos cómicos y una exploración efectiva de las incomodidades sociales, aunque el formato termine volviéndose algo repetitivo a lo largo de la película y limite su potencial dramático.
Leé la críticaUna producción redonda que, sin diálogos hablados, construye un concepto cinematográfico nuevo y refrescante donde los monólogos internos de los personajes se entretejen condicionados por la presencia de los otros, permitiendo que cada uno encuentre su momento para desarrollarse pese a la corralidad del elenco. La ausencia de palabra deviene poética y funcional: los gestos delatan lo que se calla, la ansiedad y el desagrado se filtran en cada plano, y la música descontractura una escena que transmite un tema serio con humor sin perder seriedad. Como comedia funciona de manera sólida, con un concepto que trae frescura a la conversación sobre la incapacidad de comunicación y sus consecuencias asfixiantes.
Leé la críticaComedia ácida que extrae su potencia del contraste entre la cortesía impuesta y los pensamientos silenciados, sostenida por un elenco solvente y un guion preciso que justifica el recurso de las voces en off. Aunque transcurre en una única locación, Galperín subraya su carácter cinematográfico mediante el uso constante de pensamientos, tomas subjetivas y un cuidado punto de vista que nunca pierde claridad narrativa. Se trata de una película punzante e incómoda más que hilarante, efectiva en su observación de la distancia entre lo que se dice, se piensa y se hace.
Leé la críticaUna propuesta que agota su concepto limitado en los primeros minutos y luego se dedica a estirar lugares comunes previsibles y superficiales sin la menor creatividad. La puesta en escena carece de rigor estético, la dirección luce hecha sin esfuerzo y el timing cómico es nulo, lo que impide que los niveles discursivos entre las voces interiores y los rostros de los personajes lleguen a cuajar. El resultado es una experiencia irritante y vacía, un capricho con pretensiones artísticas pero sin ninguna sustancia cinematográfica.
Leé la críticaUna comedia que funciona de manera virtuosa a partir de la disociación entre los pensamientos de los personajes y sus palabras, un recurso narrativo que la precisión del guion y la pericia de la puesta en escena conjugan sin que jamás parezca un ejercicio de técnica cinematográfica. La sutileza de la dirección permite que temas como la infidelidad, la insatisfacción y la ambición circulen con gracia y acidez, nunca como un peso abrumador, mientras la excelente actuación de Marina Bellati sostiene la estructura de principio a fin. Una fábula filmada con urgencia que transmite la opresión epocal a través de detalles de clase y micropolíticas cotidianas, sin perder su levedad cómica.
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