Híbrido entre ficción y documental, la película exhibe desniveles entre sus tres segmentos —el primero y el tercero más articulados que el del medio, que aun así ofrece hallazgos estéticos— sin perder de vista una coherencia de conjunto: el tramo final resignifica y engloba todo lo anterior. Un salto arriesgado y en buena medida logrado, de espíritu mutante, bello y doloroso a la vez.
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