La película despliega una propuesta contemporánea dentro del género zombies que va más allá de la nostalgia exploitation: articula una reflexión sobre el colapso capitalista y la pandemia a través de una estructura convencional que se redondea en su tramo final, cuando los protagonistas abrazan la condición zombie y encuentran liberación en la renuncia a la humanidad. Con un tono posmoderno que mezcla humor y horror desde una estética cuidada, el director logra sugerir, de manera lúdica, que quizás la única salvación del pensamiento comunitario radica en destruir y comenzar de nuevo. Divertida y sin pretensiones redentoras, alcanza plenamente sus objetivos.
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