La película construye un drama intimista sobre la convivencia de tres generaciones de mujeres en un escenario aislado y de belleza pintoresca que funciona como metáfora de represión. La danza emerge como elemento simbólico central para expresar liberación y deseo, mientras la progresiva reasignación de roles familiares genera la tensión narrativa. Aunque el relato aborda temas de legado materno y mandatos familiares con una estructura que mantiene los secretos ocultos hasta desentrañarlos gradualmente, la película logra su propósito gracias a un trabajo interpretativo, escenográfico y sonoro consistente que sostiene esta exploración sobre vínculos familiares atravesados por el trauma.
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