Una comedia negra que descansa casi enteramente en la química entre sus dos protagonistas y que logra sostener el interés a través de su interacción, enriquecida por un ingenio tragicómico y una puesta en escena que evita la impronta teatral mediante angulaciones de cámara virtuosas, humor físico, irrupciones musicales y un ritmo incesante que le confiere un lenguaje cinematográfico propio.
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