Thriller clase B directo y módico que funciona como un juego de gato y ratón aprovechando su premisa: una psicóloga secuestrada que manipula mentalmente a sus captores explotando las fisuras del grupo. La película evita caer en el <i>torture porn</i>, busca recursos visuales dentro de su espacio limitado y mantiene la tensión a través de intercambios efectivos entre los actores, con algunos giros inteligentes aunque no particularmente sorpresivos hacia el final.
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