Una apuesta salvaje que transfigura las convenciones del terror folk al anclar el mal en lo rural local, sin la intrusión urbana típica del género. La película construye su potencia a través de personajes atrapados en la supervivencia sin ayuda externa, con un narrador poco fiable en Pedro cuya ambigüedad moral genera desconfianza generalizada. El protocolo de reglas establecido será inevitablemente transgredido, dejando un tendal de cuerpos y un final agónico sin concesiones al happy ending, con escenas perturbadoramente memorables que mantienen la inminencia del mal hasta la desolación final.
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