Una propuesta visual fresca y colorida que entretiene a los más pequeños con su apartado técnico impecable, pero que se queda corta en profundidad narrativa. Su ritmo frenético y trama simplista, pensados para una generación de consumo digital acelerado, prioriza la cantidad de gags absurdos sobre un mensaje sólido, lo que hace que cualquier reflexión sobre la tolerancia y la diferencia quede relegada a un segundo plano. Aunque el contraste visual entre sus dos mundos, el cuidado en el doblaje y la banda sonora cumplen dignamente, la falta de conexión emocional la deja como un entretenimiento ligero que probablemente cautivará a los niños pero difícilmente resonará más allá de la sala de cine.
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