Tras dos largometrajes audaces, Mirás concibe una historia básica, superficial y demagógica que acumula exaltaciones nacionalistas, costumbrismo ramplón, realismo mágico kitsch y manipulaciones sentimentales en torno a valores familiares tradicionales. El resultado es un film caótico y condescendiente que se nota artificioso, con las costuras internas a la vista, que intenta forzar la emoción del espectador sin lograr más que una obra calculada e impostora, fracasando incluso en sus propios términos de entretenimiento.
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