Una ópera prima de folk horror que construye una atmósfera claustrofóbica y perturbadora mediante la fotografía, el diseño sonoro y la música inquietante, aunque su narrativa tambalea al intentar conciliar introspección, mitología y paranoia colectiva sin decidir cuál pesa más. La película sostiene tensión gracias a su ritmo ágil y a la presencia luminosa de su protagonista, pero adolece de diálogos que no siempre suenan naturales y de una exploración superficial de algunas de sus ideas más potentes. A pesar de esas irregularidades, se trata de una propuesta ambiciosa que refuerza el momento fértil del terror argentino actual.
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