En el paso del día a la noche, innumerables voces, instrumentos y rumores aguardan impacientes el momento de volver a sonar. La música, irresistible e irrenunciable, sedimenta las paredes de una gruta-fonoteca.
En el paso del día a la noche, innumerables voces, instrumentos y rumores aguardan impacientes el momento de volver a sonar. La música, irresistible e irrenunciable, sedimenta las paredes de una gruta-fonoteca.