Diferenciándose de las demás, la casa de Aimer, silenciosa como ninguna, pareciera tener una barrera, una imposibilidad hacia los sonidos. Llevada constantemente a la represión, sometiéndose a deseos de otra persona, Aimer junta fuerza como ninguna y emite el último grito que la haga una mujer libre, para por primera vez hacerse escuchar, hacerse valer.
Diferenciándose de las demás, la casa de Aimer, silenciosa como ninguna, pareciera tener una barrera, una imposibilidad hacia los sonidos. Llevada constantemente a la represión, sometiéndose a deseos de otra persona, Aimer junta fuerza como ninguna y emite el último grito que la haga una mujer libre, para por primera vez hacerse escuchar, hacerse valer.