Él parece el último despojo instruído que deambula. Se viste de discurso y anda con soltura por el mundo de los cuerdos porque ya no come de esa mesa. Repugna o despierta compasión, eso depende del que mire. Pero, a menudo, mendiga por las alturas y los sótanos algo de fe que rompa la vida racional. Las palabras son, en su decir, sólo moldes de cosas que no anhela y hay en él, una montaña de otras voces que lo hablan.
Él parece el último despojo instruído que deambula. Se viste de discurso y anda con soltura por el mundo de los cuerdos porque ya no come de esa mesa. Repugna o despierta compasión, eso depende del que mire. Pero, a menudo, mendiga por las alturas y los sótanos algo de fe que rompa la vida racional. Las palabras son, en su decir, sólo moldes de cosas que no anhela y hay en él, una montaña de otras voces que lo hablan.