El documental aborda dos relatos entrelazados —el Mundial de 1978 y su uso político por la dictadura, junto con el testimonio de un arquero secuestrado y torturado— pero su valor recae casi exclusivamente en los testimonios directos, mientras que como construcción cinematográfica resulta muy limitada y apenas aporta novedades significativas. Su principal debilidad reside en una toma de posición que, según el autor, se acerca problemáticamente a la teoría de los Dos Demonios al equiparar violencias de distinto orden y magnitud.
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